Edgar Álvarez-Noreña Cueva: de profesor de ELE a la tele

¿Podrías realizar una breve presentación sobre ti?

Soy una persona creativa, amante de lo inusual, de lo sorprendente y de la diversidad. Por eso me han atraído siempre las diferentes culturas, viajar y probar cosas nuevas. Empecé estudiando Filología Inglesa a la vez que desarrollaba una carrera artística en el mundo del teatro y de las artes circenses.

Después de unos años dedicado al teatro cursé el Máster de Enseñanza de Lenguas Extranjeras de la Universidad Rovira i Virgili, lo que me abrió las puertas a la enseñanza del español.

Esa nueva aventura me llevó a ser lector en Rumanía, y también a viajar a China, el lugar en el que vivo y trabajo actualmente y donde sigo aprendiendo cosas nuevas cada día.

Cuéntanos un poco sobre tus inicios como profesor de español, ¿qué o quién te llevó a acercarte a esta profesión?

Yo ya había trabajado antes como profesor de inglés, me gustaba la enseñanza pero también sentía que quería enseñar mi propia lengua materna, una lengua que amo y que creo que representa, junto con la cultura de todos los países hispanohablantes, una realidad sociocultural muy rica y atractiva. Además tenía muchas ganas de viajar y de desarrollarme profesionalmente en algo nuevo y veía que, en aquel momento, el interés por el español iba creciendo en todo el mundo. Por eso, junto con mi novia en aquel entonces, decidimos cursar juntos el Máster de la URV en Tarragona, para convertirnos en embajadores de la lengua española y poder ver mundo.

En el Máster de la Universidad Rovira i Virgili, bajo la coordinación de la doctora Esther Forgas, encontramos un equipo muy motivador que enseguida nos hizo sentir pasión por esa profesión y, desde entonces, he seguido dedicándome a enseñar y transmitir esa pasión por la lengua y la cultura hispanas.

Cuando comenzaste a dar clases, ¿cuál fue para ti la mayor dificultad?

Yo siempre he tenido facilidad para desenvolverme en el aula, me gusta hablar en público y creo que soy buen comunicador y que puedo motivar a los alumnos, pero la parte que siempre me ha resultado más difícil es todo el trabajo que no se ve, es decir, el de preparación de clases.

Esa es una labor fundamental que engloba el buscar y organizar materiales aptos para el nivel de todos los alumnos en la clase, la creación de actividades originales y efectivas para el aprendizaje, las interminables horas trabajando con powerpoints o aplicaciones informáticas para crear materiales atractivos, etc… Cuando empezaba, todo este trabajo me llevaba mucho tiempo y para preparar una clase de una hora empleaba a veces hasta dos o tres horas. Luego la experiencia te hace ser más práctico y eficiente, he aprendido a organizar mejor el tiempo.

Creo que es importante transmitir que la labor del profesor va mucho más allá de las horas que pasa en el aula y eso es un trabajo muy exigente.

A mí al principio me costaba mucho porque quería preparar clases perfectas. Luego también te das cuenta de que muchas veces, por mucho que te prepares, al final hay que adaptarse e improvisar, así que siempre hay que tener recursos bajo la manga.

Y ahora, con más experiencia, ¿qué desafíos se te presentan como profesor?

Uno de los desafíos más visibles es el de estar al día con las nuevas tecnologías. Muchas veces nos toca enseñar a alumnos más jóvenes que ya han crecido inmersos en un mundo de aplicaciones móviles, redes sociales y otras novedades que para algunos de nosotros no son tan familiares. Por eso es fundamental actualizarse para hablar el mismo lenguaje que nuestros alumnos más jóvenes. Eso no significa que no se puedan usar recursos tradicionales, hacer una actividad caminando por el aula o usando un simple papel puede ser incluso una forma de sorprender y motivar a los alumnos.

El trabajo como profesor exige estar siempre actualizado, conocer los muchos recursos tecnológicos, y a veces eso supone un reto.

También hay que decir que ese es un reto gratificante porque te hace estar muy al tanto de cómo evoluciona el mundo en ese aspecto.

Otro gran desafío que siempre tenemos en la enseñanza del español es el de demostrar al mundo que el español, la segunda lengua con más hablantes nativos del mundo, es una lengua de referencia global.

Creo que la política, la economía, la cultura y los medios de comunicación tienen que esforzarse por dar un mayor estatus a nuestra lengua y nuestra cultura para que cada vez el español esté más presente en todos los ámbitos de la sociedad, y nuestra labor como profesores esté también más demandada y sea reconocida.

¿Tienes una actividad que te guste especialmente cuando la haces en clase?

Siempre me ha gustado crear actividades en las que dejo que sean los alumnos los que me sorprendan. Me lo paso muy bien cuando ellos mismos generan sus propios materiales y veo que se involucran en la actividad de forma personal. Por ejemplo, recuerdo en una clase de expresión oral en la que organizamos un canal de noticias, ellos tenían que presentar las noticias de actualidad como si de un noticiero televisivo se tratara, también hacer de corresponsales y contar lo que quisieran. Fue muy divertido y los estudiantes participaron con ideas muy originales. Creo que ese tipo de actividades, como la creación de vídeos, revistas, obras teatrales, entre otras, favorecen la implicación emocional y abren un espacio a la aplicación de los talentos de cada uno.

El profesor se convierte en un guía que inspira, pero son los alumnos quienes toman el papel más activo en su propio aprendizaje, y cuando ves el resultado final siempre te sientes orgulloso de ellos.

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión? ¿Sigue siendo lo mismo que al principio?

Me sigue gustando algo que es más bien un aspecto asociado a mi profesión, que es el poder viajar, conocer la realidad de otros países y culturas, estar constantemente en un escenario de intercambio cultural.

En todos los países en los que he trabajado siempre siento que estoy enseñando y aprendiendo al mismo tiempo, y eso ayuda mucho como profesor, porque te hace mantener la perspectiva del estudiante y te hace comprender mejor el proceso que experimentan tus alumnos.

Muchas veces en el aula soy yo el que les acaba preguntando sobre aspectos de su lengua y cultura porque realmente tengo curiosidad o incluso alguna necesidad práctica. En la clase todos somos un poco profesores y estudiantes porque todo el mundo tiene algo que aportar.

También me gusta sentir que el aula es un tipo de escenario donde puedo desarrollar muchas actividades creativas.

Como me han gustado siempre las artes escénicas, en mi clase siento que podemos cantar, bailar, disfrazarnos o hacer películas, y siempre con fines educativos, ¿qué otro trabajo te permite hacer eso?

¿Cuál ha sido tu mejor momento como profesor de ELE?

En realidad, como en cualquier trabajo, hay días buenos y malos. Hay días en los que parece que todo sale mal y que los estudiantes están dormidos o tan desmotivados que hasta les cuesta saludar, y otros en los que todo va fluido y todo el mundo disfruta, y sientes que eres el mejor profesor del mundo.

Personalmente, disfruto mucho con los éxitos personales de los alumnos o exalumnos. Por ejemplo, el saber que a uno de tus estudiantes le han dado una importante beca, o le han aceptado en un máster o doctorado.

Muchas veces puedes sentir frustración porque enseñas en lugares donde los estudiantes tienen dificultades para salir de su país o acceder a oportunidades laborales y sabes que el estudio de lenguas para ellos es una salida a todo eso. Por eso cuando me entero de que alumnos míos han encontrado trabajos o logrado éxitos académicos o profesionales me llena de felicidad pensar que, de alguna forma, les he podido ayudar en ese camino. En alguna ocasión pude ayudar a estudiantes a conseguir becas para estudiar en España y compartir con ellos esa alegría, fue muy bonito.

¿Qué fue lo que te hizo salir de España para trabajar? ¿Cómo fue tu historia?

En mi caso me fui más por espíritu aventurero que por necesidad. En los años en los que yo me fui, la situación laboral no era tan precaria, pero a la vez sentía que las oportunidades que existían en otros países eran muy valiosas, sobre todo cuando eres más joven y tienes mucha curiosidad.

Creo que trabajar en otros países te enseña muchísimo a nivel humano y también a nivel profesional. Yo tuve la suerte de acceder a una beca de lectorado MAEC/AECID para enseñar en la Universidad de Craiova, en Rumanía, al poco de acabar el máster, y eso ya me hizo adquirir un pensamiento muy internacional porque allí conocí a otros profesores, personal diplomático, empresarios y gente de mundo que me hizo ver lo amplio que puede ser el escenario internacional. También tuve relación con el Instituto Cervantes que es otra de las instituciones de referencia en nuestra profesión.

Después de eso me sentí muy atraído por la cultura china y volví a ser estudiante gracias a una beca de la propia Universidad Rovira i Virgili para estudiar en Tianjin.

Desde ese momento, sigo ligado a la lengua china y a las múltiples oportunidades que ofrece esta zona del mundo. Por si no lo sabíais, el mundo en Asia avanza muy rápido, así que os invito a todos a conocer este gran continente.

Antes de llegar a tu destino actual, ¿habías trabajado en otros países?

Como profesor he trabajado en España, Reino Unido, Rumanía y China, pero antes de eso había podido viajar por muchos otros lugares, sobre todo por Europa, aunque también conocí Latinoamérica.

El caso más curioso para mí fue el de Rumanía, porque llegué allí casi de repente sin saber nada de la lengua o del país y eso, aunque un poco duro al principio, acabó siendo muy enriquecedor.

Hay una diferencia muy grande entre viajar a un país de vacaciones o vivir y trabajar en él. Vivir en un país te abre mucho la mente; por ejemplo, antes de ir a China yo tenía una idea muy limitada de lo que era; luego descubres toda una realidad que te hacer cambiar el punto de vista que tienes, incluso sobre tu propio país.

Ahora conozco mucho más sobre la realidad de Asia. Cuando llegué, por ejemplo, prácticamente no podía diferenciar a un chino de un japonés o un coreano, y ahora sé muchísimas más cosas de esas tres culturas.

De momento seguiré viviendo fuera un tiempo, aunque cada vez echo más de menos la vida en España. De lo que estoy seguro, me quede o vuelva, es de que nunca dejaré de viajar.

Siempre es duro acostumbrarse a un nuevo país, su cultura, su idioma… cuéntanos alguna anécdota divertida de cuando llegaste.

La primera vez que viajé a China fui con mi novia, que era vegana, lo que me convertía a mí también en vegano por solidaridad, jeje. Recuerdo que llegamos a China para dar un curso durante el verano y no sabíamos prácticamente nada de chino. Cuando comprábamos algunos productos en el supermercado queríamos asegurarnos de que no llevaran carne o pescado o huevo o leche, y los productos a veces son tan distintos que no es fácil saberlo, por eso tuvimos que aprender a reconocer los caracteres chinos de todos esos ingredientes, y nos pasábamos un buen rato estudiando las etiquetas de los envases. Era duro pero también divertido. Ahora que ya manejo bastante bien el idioma me acuerdo de esos momentos y me producen mucha ternura. Es muy bonito el camino de aprender una lengua extranjera, desde los inicios más básicos hasta el nivel más avanzado.

Si pudieras encontrar trabajo en cualquier lugar del mundo, ¿dónde te gustaría trabajar?

Pues ahora yo creo que me gustaría que mi próximo destino fuera España. Después de haber vivido fuera varios años hay algo de la sensación de pertenencia que añoro bastante, sobre todo después de vivir en China, que, aunque es un país fascinante que enamora, aquí siempre uno tiene la sensación de ser un extranjero. Es muy difícil llegar a una integración plena porque la sociedad china subraya mucho las diferencias, que además saltan a la vista por nuestra apariencia física. Eso no significa que no sean hospitalarios, realmente a los extranjeros nos tratan muy bien, pero hay un nivel de integración y pertenencia que siempre está fuera nuestro alcance, aunque domines el idioma.

Por eso pienso que un tiempo en España me ayudaría a encontrar mis raíces y a aplicar también en mi país todo lo que he aprendido por el mundo.

Pero vamos, que si no es España, no me importaría estar un tiempo en Latinoamérica, quizás México que aún no lo conozco.

¿Cuál es tu siguiente objetivo profesional?

Ahora mismo no me dedico a la enseñanza de ELE, pero sí continúo con mi labor de difusor de la lengua y la cultura españolas.

En la actualidad trabajo en la sección de documentales del canal CGTN en español de la televisión estatal de China. Este es un trabajo al que el estudio del Máster en ELE también me ha ayudado a acceder.

Me gusta este trabajo porque participo en programas de televisión que tratan temas sobre China en relación al resto del mundo hispanohablante, y todo en español.

Me gustaría poder seguir desarrollando mi actividad aquí por algún tiempo y conseguir hacer mis propios reportajes, dar a conocer al mundo todo lo que ocurre en esta parte del planeta y usando siempre la lengua española.

Quizás en el futuro pueda volver a España y pueda seguir actuando de enlace entre China y mi propio país, así que espero poder encontrar la forma de combinar mis objetivos profesionales con una vida allí. Pero de momento sigo disfrutando de China mientras pueda.

¿Qué les recomendarías a los que quieren dedicarse en el futuro al mundo de la enseñanza de ELE para que les vaya tan bien como a ti?

Lo más importante es que no se pongan barreras geográficas. Creo que el mundo hoy en día está hiperconectado y es fácil poder acceder a oportunidades en muchos lugares del mundo. Si encontramos algo que nos gusta en nuestra ciudad, pues estupendo, pero si no, hay que poner la mira más allá.

Salir de la zona de confort es un paso que requiere coraje, pero que nos hará crecer no solo como profesionales sino también como personas.

Además, no hay que pensar que salir fuera tiene que ser para toda la vida, una experiencia de unos años es enriquecedora para todo el mundo, y luego siempre se puede volver. Para eso es importante no descuidar las amistades y las relaciones profesionales en nuestro propio país, siempre se puede estar trabajando en proyectos cooperativos desde el extranjero, como publicaciones, asistencia a congresos, etc…

Mantener una extensa red de contactos por todo el mundo será esencial para tener más oportunidades laborales y conocer gente maravillosa.

Mi segundo consejo es que no hay que dejar de aprender nunca. Debemos buscar la forma de seguir formándonos, con cursos, estudiando por nuestra cuenta, aprendiendo idiomas o algo nuevo; nunca se sabe qué es lo que provocará un giro en nuestras vidas y hay que saber ver esas oportunidades también. Yo, por ejemplo, empecé a estudiar chino con 33 años y eso me abrió puertas que antes no habría imaginado. Así que eso, no ponerse límites y siempre seguir aprendiendo.

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