Carlos Álvarez Santos: cuatro años enseñando ELE a adolescentes londinenses

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Cuéntanos un poco sobre tus inicios como profesor de español, ¿qué o quién te llevó a acercarte a esta profesión?

Si ser profesor significa ayudar a los demás con la enseñanza, llevo queriendo ser profesor casi desde que tengo uso de razón. Mi carrera estaba enfocada a las enseñanza de inglés y a día de hoy tengo más experiencia enseñando este idioma que español. Sin embargo, empecé a trabajar como profesor de español gracias a una profesora de mi universidad que vio una plaza libre para un ayudante de dirección de un centro de español en una universidad americana. Así es como empecé, ayudando a las personas que venían al centro con clases particulares de español y colaborando en todo tipo de actividades que ayudasen a promover el conocimiento del español y su diversidad cultural. Por poner un ejemplo, escribí una pequeña obra de teatro para que mis alumnos/voluntarios de la universidad la grabasen y se pudiese usar en escuelas de primaria de la zona para aprender algo tan básico como los colores y los números. También colaboré para poder tener un festival latino en la universidad.

El español ha sido y sigue siendo una de las asignaturas más importantes del currículum americano debido a la gran cantidad de inmigración de países hispanohablantes que, hoy por hoy, superan en número a la comunidad afroamericana y, por lo tanto, cualquier empresario americano sabe que las posibilidades de tener empleados hispanohablantes como primer o segundo idioma son muy elevadas.

Cuando comenzaste a dar clases, ¿cuál fue para ti la mayor dificultad?

Antes de ir a los EUA trabajaba dando clases de inglés tanto a particulares como en academias, desde niños pequeños hasta adultos, y la mayor dificultad siempre fue tener recursos suficientes para hacer más efectivas las clases. Cuando yo empecé a dar clases el acceso a Internet en España era muy limitado y mi imaginación a la hora de crear o adaptar actividades y juegos para poder trabajar en clase era la que me sacaba del apuro la mayor parte del tiempo.

Si hay algo que me han demostrado mis años de experiencia es que no existe la clase perfecta, sino que lo importante es motivar a los alumnos para que quieran seguir aprendiendo.

Y ahora, con más experiencia, ¿qué desafíos se te presentan como profesor?

Hoy vivimos en un mundo en el que la paciencia es un lujo. La gran cantidad de recursos para aprender cosas nuevas que tenemos al alcance de la mano hace pensar a la gente que la adquisición de un nuevo idioma debería ser más fácil y rápido, pero no es así. Los alumnos tienen que aprender a aprender de sus errores, tal y como ocurre en el aprendizaje de nuestra lengua nativa desde que somos pequeños, aunque no solemos ser conscientes de ello. El problema es la falta de paciencia y que no todo el mundo está dispuesto a cometer errores de forma que prefieren no hacer o no decir nada para no fallar, lo que es un tremendo error. Si conseguimos hacer que los alumnos entiendan que el error es lo normal dentro del sistema de cualquier aprendizaje, el éxito en el aprendizaje que ese alumno va a tener está casi garantizado.

¿Tienes una actividad que te guste especialmente cuando la haces en clase?

Todos mis alumnos tienen la obligación de hablar conmigo antes de entrar en clase. Esto les hace estar preparados y alerta antes de entrar. Es mi actividad fetiche. Es una adaptación de lo que en el sistema americano se llama exit ticket (tarjeta de salida) y en el británico plenary (asamblea final) con la que el profesor averigua si sus alumnos han comprendido/adquirido los conocimientos expuestos en la clase. Desde mi punto de vista, los alumnos más jóvenes están tan ansiosos por salir al final de las clases que hacer que se queden se puede convertir en una tortura e incluso esto puede suponer también que lleguen tarde a su siguiente clase. Mis alumnos son conscientes de que el exit ticket de otras clases se ha transformado en el entry ticket de la mía y saben que mis preguntas van a conectar con lo aprendido la clase anterior, o con el tema que estamos tratando en ese momento. Esto también ayuda a cualquier alumno a hacer un mini repaso antes de entrar a un examen que pueda tener. A todos les encanta que les dedique un tiempo privado para ellos, lo que les hace sentirse parte de algo.

Por otro lado, los que van entrando tienen actividades preparadas para trabajar de forma individual o en grupo e incluso pueden hacer otro pequeño repaso de lo que les he preguntado y no han podido responder de forma completamente satisfactoria.

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión? ¿Sigue siendo lo mismo que al principio?

Lo que más me gusta, y creo que siempre me ha gustado, es la certeza de que ningún día va a ser igual al anterior. Trabajar con niños/adolescentes es esperar lo inesperado. Me encanta poder ayudar a mis alumnos y cada vez que veo que se les ilumina la cara porque han hecho una conexión en algo que no entendían, para mí supone una satisfacción plena.

¿Cuál ha sido tu mejor momento como profesor de ELE?

No tengo un mejor momento, sino muchos, ya que cada vez que un alumno al que ya no le doy clase viene a verme y a decirme lo contento que está con todo lo que ha aprendido conmigo, me hace la persona más feliz del mundo. Normalmente uno no se da cuenta de todo lo que ha aprendido hasta que deja el círculo donde se encontraba y tiene que poner en práctica sus conocimientos en otros contextos. Es entonces cuando te acuerdas de aquel profesor que tanto te gustaba o al que tanta manía le tenías y te das cuenta de lo mucho que aprendiste con él/ella. Es increíble el número de alumnos a los que pensabas que no habías podido ayudar tanto como te hubiera gustado que deciden volver a ponerse en contacto conmigo.

¿Qué fue lo que te hizo salir de España para trabajar? ¿Cómo fue tu historia?

Tal y como ya he dicho antes, he vivido en diferentes países a lo largo de mi vida, por lo que solo era cuestión de tiempo antes de que mi mujer y yo decidiéramos a volver a mudarnos. En esta ocasión fue a mi mujer a la que le ofrecieron un puesto en su empresa en Londres y yo renuncié a mi puesto como profesor de inglés en un colegio privado bilingüe de Madrid. También lo consideramos una oportunidad única para nuestras dos hijas, que, a día de hoy, puedo decir que son bilingües reales en inglés y español, hasta tal punto que volver a España para que sigan con su aprendizaje de español se hace hasta necesario.

Antes de llegar a tu destino actual, ¿habías trabajado en otros países?

Sí, en varios países, pero no como profesor. Como profesor empecé mi carrera en España. De aquí, fui a EUA, para volver a España por circunstancias personales, y ahora me encuentro en el Reino Unido.

Siempre es duro acostumbrarse a un nuevo país, su cultura, su idioma… cuéntanos alguna anécdota divertida de cuando llegaste.

Una de las cosas más difíciles de asimilar para mí al salir de España fueron los horarios. Cuando llegamos a Londres nos resultaba complicado hacernos a los horarios. Los fines de semana a las tres de la tarde ya había gente pensando en la cena, mientras que nosotros no habíamos ni comido; o cuando intentábamos ir a un centro comercial un domingo por la tarde, llegábamos a las siete y ya nos lo encontrábamos todo cerrado. No entendíamos que pasando de vivir en una ciudad cosmopolita como Madrid a otra como Londres no pudiésemos encontrar nada abierto a partir de estas horas.

Lo cierto es que una vez que te haces a sus horarios, la cosa no es tan mala. A lo único que sigo sin acostumbrarme es al horario que tenemos en nuestro colegio para los miércoles. Al ser un día de clases más reducidas para que los niños salgan a las 2 de la tarde y los profesores podamos tener reuniones hasta las 4, la hora de la comida que tenemos asignada en el Middle School es a las 10:50. Seguro que habrá gente a la que le resulte gracioso, pero a mí ¡me entran ganas de llorar! (risas).

Es increíble el número de alumnos a los que pensabas que no habías podido ayudar tanto como te hubiera gustado que deciden volver a ponerse en contacto conmigo.

Si pudieras encontrar trabajo en cualquier lugar del mundo, ¿dónde te gustaría trabajar?

Siempre he pensado en trabajar en Suiza. Sé que algunos de los mejores colegios donde se enseña español con el currículum del BI (Bachillerato Internacional) se encuentran en este país y me gustaría trabajar algún tiempo en alguno de ellos. Sin embargo, mi prioridad es mi familia y su estabilidad, por lo que no creo que decidamos mudarnos a otro sitio hasta que mis hijas sean mayores, o por alguna causa de fuerza mayor.

También me gustaría trabajar en algún país al otro lado del mundo, Australia, Japón, Nueva Zelanda, Singapur, hay tantos que lo más seguro es que dependiese de las oportunidades que tuviese de ir a uno o a otro en el momento en el que decidiésemos que había llegado el momento de movernos otra vez.

¿Cuál es tu siguiente objetivo profesional?

Mi colegio funciona por divisiones y yo trabajo para el Middle School (11 – 14 años). Siempre he trabajado con alumnos de 11 a 18 y ahora mismo no se me permite. Hace un año solicité un puesto y me da la impresión de que no lo conseguí por no haber concluido el máster de ELE, por lo que, ahora que lo tengo, espero poder volver a solicitar el siguiente puesto que se abra en la división de High School.

Por otra parte, no descarto volver a los EUA y trabajar en alguna universidad. En los EUA los másteres no están catalogados como en España y seguramente podría acceder a algún programa de doctorado que me permitiese continuar mi carrera en esa dirección. Sin embargo, esta posibilidad es muy remota ya que habiendo trabajado con edades comprendidas desde los 3 hasta los 65 años, sigo prefiriendo a los adolescentes.

¿Qué les recomendarías a los que quieren dedicarse en el futuro al mundo de la enseñanza de ELE para que les vaya tan bien como a ti?

Mi recomendación es que pierdan el miedo a intentar algo nuevo, que valoren irse a vivir al otro lado del mundo, ya que nadie les va a traer el trabajo a casa, pero sobre todo que lo más importante es seguir formándose, aprendiendo, experimentando y no renunciar a lo que saben que funciona en sus clases. No todo lo nuevo es bueno, ni todo lo pasado es malo. Lo importante es buscar el equilibrio en las cosas y pensar que cuando se entra en una clase hay que estar tan dispuesto a enseñar como a aprender.

Si hay algo que me han demostrado mis años de experiencia es que no existe la clase perfecta, sino que lo importante es motivar a los alumnos para que quieran seguir aprendiendo.

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