Cecilia Vallorani, viajera y profesora

Cuéntanos un poco sobre tus inicios como profesora de español, ¿qué o quién te llevó a acercarte a esta profesión?

Después de haber empezado diferentes carreras científicas sin acabarlas, decidí estudiar Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Roma. Tuve la suerte de conocer a profesores maravillosos que hicieron que me enamorara más del español y de la literatura española. Además, empecé a trabajar en Roma en una pequeña academia de idiomas y, al ver cómo mis estudiantes aprendían, sentí una satisfacción inmensa. Gracias a esta experiencia de seis meses, decidí que la enseñanza era lo mío y empecé a hacer cursos de formación en el Instituto Cervantes para poder profundizar mis conocimientos.

Cuando comenzaste a dar clases, ¿cuál fue para ti la mayor dificultad?

La mayor dificultad fue, y en parte sigue siendo, convencer a los estudiantes, sobre todo a los adultos, de que no son ridículos al pronunciar nuevos sonidos. Para ello, empiezo yo a preguntarles cómo se dice una determinada palabra en sus respectivos idiomas y trato de pronunciarla, a veces sin éxito, procurando una risa general en la clase. Creo que el danés fue mi prueba más difícil en este sentido.

Y ahora, con más experiencia, ¿qué desafíos se te presentan como profesora?

Ahora que vivo y trabajo en Dubái, en una de las escuelas más tecnológicas del mundo, mi gran desafío es saber incorporar las herramientas de Google en las clases, sin quitar el valor de una clase menos avanzada tecnológicamente hablando. Tal vez la mayor dificultad consiste en mantener un buen equilibrio entre un libro y una tableta.

20191107_121240_00007043796251077696807.png

¿Tienes una actividad que te guste especialmente cuando la haces en clase?

Me encanta la gamificación, así que me fascina crear actividades al estilo escape room en las que desafío a los estudiantes a resolver enigmas y producir textos escritos u orales en español.

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión? ¿Sigue siendo lo mismo que al principio?

Lo que más me gusta de mi profesión es ver cómo avanzan los estudiantes y la maravillosa posibilidad que demuestra cada alumno para mejorar y aprender el idioma a su ritmo y con sus propias estrategias. Creo firmemente que un profesor nunca termina de aprender.

¿Cuál ha sido tu mejor momento como profesora de ELE?

Mi mejor momento fue cuando conseguí que los franceses y los asiáticos pronunciaran bien la palabra ferrocarril.

¿Qué fue lo que te hizo salir de Italia para trabajar? ¿Cómo fue tu historia?

Cuando terminé la carrera en Italia, me marché a Dinamarca a trabajar en una academia de idiomas. Casi todos los estudiantes eran profesionales y muchos de ellos amantes de la literatura española. Junto con ellos leímos algunas novelas y me enamoré de la literatura; por esta razón al terminar el año decidí hacer un Máster Universitario en Estudios Literarios en España. Estuve viviendo en Alicante dos años y al terminar mi Proyecto Fin de Máster recibí una oferta de trabajo en Omán. ¿Cómo podía perder una ocasión como esa en la que se me ofrecía trabajar con árabes y entrar en contacto con su cultura? Estuve viviendo en Muscat 3 años hasta que me gradué como madre y junto con el padre de mi hija estuvimos viviendo en Sri Lanka, Estados Unidos, Venezuela y Panamá. Nuestra hija, nació en España y al tenerla entre mis brazos decidí seguir ejerciendo de profesora de español pero en línea. Esa oportunidad me abrió un mundo en el que, estando en casa, podía seguir enseñando español a estudiantes de diferentes nacionalidades e ir familiarizándome con programas específicos para la enseñanza a distancia. Mientras tanto seguía formándome y me matriculé en el Diploma de Posgrado en Enseñanza de ELE. En ese curso aprendí muchísimo sobre metodología y didáctica, lo que me hizo sentir más segura y más enamorada de mi profesión. Finalmente, me llamaron desde Dubái para ofrecerme una oportunidad de trabajo en la Escuela Americana Internacional.

Antes de llegar a tu destino actual, ¿habías trabajado en otros países?

Como he comentado antes, he estado viviendo y trabajando en varios países. Empecé en mi propio país en 2006, en Italia, en 2007 me marché a Rusia, en 2008 trabajé en Dinamarca, en 2011 en Omán, en 2014 en Venezuela, en 2015 en España, en 2017 volví a Italia y desde 2018 estoy trabajando en Dubai. Enseñar español me ha permitido, como veis, conocer un montón de lugares interesantes.

Siempre es duro acostumbrarse a un nuevo país, su cultura, su idioma… cuéntanos alguna anécdota divertida de cuando llegaste.

Hay varias, la última fue en Dubai. Venía de un año en un liceo religioso en Italia, donde empezábamos las clases rezando y luego tiza, pizarra, libros y fotocopias, y mucha fantasía a falta de otros recursos. Al llegar a Dubai me encontré con una pantalla gigante conectada a un ordenador y con miles de programas. La primera clase fue un desastre. No conseguía encender la pantalla ni mucho menos usar la mayoría de los programas. Los estudiantes se reían como locos y me daban consejos equivocados para reírse más de mí. Lo peor fue cuando uno de ellos intervino y me cambió el idioma de los controles y tenía todo escrito en árabe y no sabía qué hacer. Al final, después de unas clases, conseguí poner en marcha a mi enemigo vertical y conseguir asistencia en línea. Ahora he hecho un curso de formación y estoy esperando como loca volver a clase para vengarme (risas).

Si pudieras encontrar trabajo en cualquier lugar del mundo, ¿dónde te gustaría trabajar?

Realmente no sabría, me han encantado mis experiencias y creo que cualquier país, escuela, clase, estudiantes sería un reto maravilloso.

¿Cuál es tu siguiente objetivo profesional?

Me gustaría ser jefa de estudios. Para ello tengo que formarme y adquirir mayor experiencia en la escuela en la que esté trabajando. Asumir más responsabilidad y guiar a compañeros de trabajo creo que se me daría bien.

¿Qué les recomendarías a los que quieren dedicarse en el futuro al mundo de la enseñanza de ELE para que les vaya tan bien como a ti?

A mí siempre me ha motivado una frase de Albert Eistein: “El supremo arte del maestro es despertar la curiosidad en la expresión creativa y conocimiento.” Motivar, crear y ofrecer todo lo que sabemos es lo mejor que se puede hacer como profesores. Para ello, no tenemos que olvidarnos tampoco de que fuimos y seguimos siendo estudiantes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close