La enseñanza de la L2: choques lingüísticos y culturales y estrés del inmigrante

Al igual que durante el período de adquisición de la lengua el aprendiz va formando su «interlengua», también deberá ser consciente de lo que podríamos denominar «período crítico sociocultural»

Brown, 1980

El aprendizaje de una nueva lengua de alguna manera representa la construcción de un nuevo yo. Como dice Brown (1980): “Al igual que durante el período de adquisición de la lengua el aprendiz va formando su «interlengua», también deberá ser consciente de lo que podríamos denominar «período crítico sociocultural».

Teniendo esto en cuenta, el docente debería focalizar la enseñanza de la lengua y la cultura meta no solo en los aspectos cognitivos, sino también en los emocionales, algo que tradicionalmente se ha dejado de lado. Como reporta Ríos Rojas (2008), Schumann (1975) constata que existen tres tipos de desorientaciones emocionales que sufren aquellos que viven largo tiempo inmersos en una cultura y una lengua que no les es propia:

  1. Choque lingüístico
  2. Choque cultural
  3. Estrés cultural

El choque lingüístico: el choque lingüístico se produce por un dominio insuficiente de la nueva lengua de aprendizaje. Los hablantes de esta nueva lengua sienten frustración al no poder expresar con la precisión adecuada aquello que quieren decir. El miedo a hacer el ridículo por utilizar una palabra inadecuadamente (por ejemplo, estoy caliente en lugar de tengo calor) puede producir una pérdida de autoestima y de desmotivación hacia la adquisición de la L2 y hacer que el alumno no quiera romper la dependencia establecida con personas que llevan más tiempo inmersas en la cultura meta y que dominan mejor la lengua.

El miedo a hacer el ridículo por utilizar una palabra inadecuadamente puede producir una pérdida de autoestima y de desmotivación hacia la adquisición de la L2

El choque cultural: el choque cultural se produce cuando las personas se encuentran con que al intentar utilizar las estrategias habituales en su cultura para la resolución de problemas, estas no les funcionan igual en la cultura meta. Las diferencias que se producen entre las dos culturas llevan al aprendiz a reafirmarse en la propia cultura, porque no entiende el funcionamiento de la cultura meta. Este choque cultural puede pasar por incomprensiones más materiales como el no tener persianas en casa o no encontrar tomate frito en el supermercado, como por otras más abstractas, directamente relacionadas con la pragmática cultural, como no comprender por qué en el país de acogida se cena a las cinco de la tarde o que los vecinos no te saluden en el ascensor.

Estrés cultural: por último, el estrés cultural se produce cuando el individuo tiene que reinterpretar su propia identidad y sus valores debido a que en la nueva cultura su estatus social ha cambiado. Esto ocurre a menudo en personas que llegan a un país y para poder ganarse la vida se ven obligados a ejercer labores que exigen una formación inferior a la que poseen (por ejemplo, licenciados que tienen que trabajar en el servicio doméstico, la construcción o en venta ambulante).

“En los últimos años, se percibe un gran empeoramiento de los estresores que afectan a la población inmigrante.”

Dr. Joseba Achótegui (UB)

Otros tipos de desorientaciones que deben ser tenidas en cuenta son el estrés traumático, derivado de situaciones traumáticas que han podido padecer los inmigrantes en su país de origen o durante su viaje, y el Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple, o Síndrome de Ulises. El Dr. Achótegui de la Universidad de Barcelona afirma que existen varios factores que desencadenan este síndrome:

  • La soledad, provocada por la separación forzada de la familia y los seres queridos.
  • El duelo por el fracaso del proyecto migratorio que surge cuando el inmigrante no logra ni siquiera las mínimas oportunidades para salir adelante al tener dificultades de acceso a “los papeles”, al mercado de trabajo, o hacerlo en condiciones de explotación.
  • La lucha por la supervivencia, dividida en dos grandes áreas: la alimentación y la vivienda.
  • El miedo tanto a los peligros físicos relacionados con el viaje migratorio (las pateras, los yolos, los camiones, etc.) como a las coacciones de las mafias, a las redes de prostitución, a la detención y expulsión -en España se expulsa a un inmigrante cada 5 minutos, según datos oficiales-, o a los abusos.

Los síntomas del Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple son una combinación de estresores que se asocian a la sintomatología de diferentes áreas: (1) área depresiva (tristeza, llanto, sentimiento de culpa o ideas de la muerte); (2) área de la ansiedad (nerviosismo o tensión, preocupaciones intrusivas y recurrentes, irritabilidad e insomnio); (3) área de la somatización (cefalea y fatiga); y, finalmente, área confusional (fallos de memoria, falta de atención, sentirse perdido incluso físicamente y desorientación temporal).

Síndrome del inmigrante o de Ulises

Como decíamos al inicio de esta entrada, si no se tienen en cuenta las desorientaciones que hemos expuesto hasta el momento, estas pueden suponer fuertes obstáculos tanto para el docente como para el aprendiente en la enseñanza-aprendizaje de la L2. La integración de los aspectos afectivos derivados del choque lingüístico y cultura, así como de aquellos derivados del estrés cultural.

Deseo y anhelo continuamente irme a mi casa y ver lucir el día de mi vuelta.

Ulises en la Odisea (Homero)

Es importante, pues, que se trabaje en el aula la conciencia lingüística y cultural que permita a los alumnos comprender mejor su situación en relación a la cultura meta y, así, poder gestionar el duelo migratorio y su proceso de aculturación.

Referencias:

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